Regresé y los británicos quisieron saber por el susodicho. La marca España es tan ruinosa que en el Reino Unido ya hay quien está sacando su dinero del Santander no sea que le salpique. Cuando alguno me pregunta qué opino, ya no sé qué responderles: el país desciende a una velocidad tan pasmosa, que lo que la semana pasada era nefasto ahora es la solución. A la espera de que Europa meta las manos de aquí a poco (y llamadme gafe), un tecnócrata parece lo mejor que puede pasarnos. No se me ocurre otra manera para descubrir hasta a quién salpica lo de Bankia, de saber qué coño pasa con nuestro dinero y de tener un poquito de claridad en un bendito país en el que la luz generalmente sobra.
Ed in burgh
miércoles, 30 de mayo de 2012
La intervención es la solución
Hace una semana que fui a España a hacer unos exámenes. Cuando llegué, sábado 19, los millones para Bankia eran cuatro mil y cuando me volví, domingo 27, veintitrés mil. Prometo que la culpa no es mía. Tengo a mis amigos como testigos y de los que no me separé salvo para ir al baño. Con ellos disfruté de la mejor medida jamás inventada para tomar cerveza y de la mejor tortilla del mundo, los quise, me sentí querido, vi un par de museos, aumenté un botón de mi cinturón y me chuté de vitamina D bajo el sol. Las conversaciones oscilaron entre lo trivial y lo privado hasta que aparecía el maldito tema y, en el mejor de los casos, fruncían el ceño; en el peor, daban ganas de regalarles ansiolíticos.
Regresé y los británicos quisieron saber por el susodicho. La marca España es tan ruinosa que en el Reino Unido ya hay quien está sacando su dinero del Santander no sea que le salpique. Cuando alguno me pregunta qué opino, ya no sé qué responderles: el país desciende a una velocidad tan pasmosa, que lo que la semana pasada era nefasto ahora es la solución. A la espera de que Europa meta las manos de aquí a poco (y llamadme gafe), un tecnócrata parece lo mejor que puede pasarnos. No se me ocurre otra manera para descubrir hasta a quién salpica lo de Bankia, de saber qué coño pasa con nuestro dinero y de tener un poquito de claridad en un bendito país en el que la luz generalmente sobra.
Regresé y los británicos quisieron saber por el susodicho. La marca España es tan ruinosa que en el Reino Unido ya hay quien está sacando su dinero del Santander no sea que le salpique. Cuando alguno me pregunta qué opino, ya no sé qué responderles: el país desciende a una velocidad tan pasmosa, que lo que la semana pasada era nefasto ahora es la solución. A la espera de que Europa meta las manos de aquí a poco (y llamadme gafe), un tecnócrata parece lo mejor que puede pasarnos. No se me ocurre otra manera para descubrir hasta a quién salpica lo de Bankia, de saber qué coño pasa con nuestro dinero y de tener un poquito de claridad en un bendito país en el que la luz generalmente sobra.
jueves, 17 de mayo de 2012
El lenguaje de la gráfica
Murió Carlos Fuentes y muchos nos sentimos vivos por un rato. Fueron cuatro horas de contacto con la realidad aunque la noticia fuera amarga: en este tiempo los periódicos se humanizaron. Después, ellos desterraron al mexicano de la portada a la sección de cultura y nosotros regresamos a la barrera de los quinientos puntos de la prima de riesgo, la temblona línea cuesta arriba y el lenguaje incomprensible de la gráfica. Si algún periodista quiere volver a dar algo de vida a la miseria que nos embadurna, y a la espera de que otro grande nos deje, propongo cualquiera de estos métodos:
1. Ir a un bar y pedir una caña. La opción es extrapolable al palomitero del multicines o al camisetero del H&M. Se intentará hablar con él y averiguar si es licenciado y cuántos de su plantilla lo son. Puede investigarse también si tiene un master.
2. Preguntar a los padres con hijos en edad de provecho cuánto dinero les pasan al mes. Ayer lo describía muy bien Elvira Lindo en su columna de El País: “Nadie está ya libre, o casi nadie, de tener que tender su mano a algún familiar en paro o de tener que subvencionar las vidas de unos hijos que no vislumbran el momento de ser plenamente independientes.” Este punto es, no obstante, también es el más ambiguo. Recordemos que entre la juventud española el “como en casa de papi en ningún sitio” es un clásico.
3. Preguntar a los hijos con padres en edad aún de provecho si los han prejubilado. Juventud: divino tesoro que se olvida de sus mayores. Juventud: que se cree que el retiro es una bendición y obvia a aquellos con ganas de ser útiles a los que te cargas poniendo en una esquina.
4. Llamar al British Council, al Goethe-Institut y al Institut Français y sondear en cuánto han subido el número de alumnos en el último año. Si el periodista va mal de saldo en el móvil, que obvie el último porque los países de habla francófona son, a mi humilde entender, los que menos tiran.
5. Plantarse en la puerta de salidas internacionales de Barajas y preguntar a los viajeros cuántos se van con billete de vuelta. A los que lo hacen con destino el Reino Unido habría que regalarles también una buena sopapa de ánimos porque la deuda aquí es mayor que la española. Otra cosa es que los británicos fueran listísimos por no meterse en la moneda de la que ahora todos queremos huir y poder bajar y subir el valor de la libra para aparentar una prosperidad que no tienen. Ya se sabe, si en algo ellos son invencibles, es en las formas.
1. Ir a un bar y pedir una caña. La opción es extrapolable al palomitero del multicines o al camisetero del H&M. Se intentará hablar con él y averiguar si es licenciado y cuántos de su plantilla lo son. Puede investigarse también si tiene un master.
2. Preguntar a los padres con hijos en edad de provecho cuánto dinero les pasan al mes. Ayer lo describía muy bien Elvira Lindo en su columna de El País: “Nadie está ya libre, o casi nadie, de tener que tender su mano a algún familiar en paro o de tener que subvencionar las vidas de unos hijos que no vislumbran el momento de ser plenamente independientes.” Este punto es, no obstante, también es el más ambiguo. Recordemos que entre la juventud española el “como en casa de papi en ningún sitio” es un clásico.
3. Preguntar a los hijos con padres en edad aún de provecho si los han prejubilado. Juventud: divino tesoro que se olvida de sus mayores. Juventud: que se cree que el retiro es una bendición y obvia a aquellos con ganas de ser útiles a los que te cargas poniendo en una esquina.
4. Llamar al British Council, al Goethe-Institut y al Institut Français y sondear en cuánto han subido el número de alumnos en el último año. Si el periodista va mal de saldo en el móvil, que obvie el último porque los países de habla francófona son, a mi humilde entender, los que menos tiran.
5. Plantarse en la puerta de salidas internacionales de Barajas y preguntar a los viajeros cuántos se van con billete de vuelta. A los que lo hacen con destino el Reino Unido habría que regalarles también una buena sopapa de ánimos porque la deuda aquí es mayor que la española. Otra cosa es que los británicos fueran listísimos por no meterse en la moneda de la que ahora todos queremos huir y poder bajar y subir el valor de la libra para aparentar una prosperidad que no tienen. Ya se sabe, si en algo ellos son invencibles, es en las formas.
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lunes, 14 de mayo de 2012
Gente que te manda el CV y tú la llamas para una entrevista 1
- Buenas tardes, Inés Mercedes, gracias por venir.
- A vosotros, a vosotros… Ya sé que la entrevista era a las once pero es que calculé mal el tiempo. Si queréis vuelvo en una hora…
- Bueno, no sé. Acabamos de abrir pero ya que estás aquí...
- Eso es lo que he pensáo: que ya que estoy aquí, nos la quitamos de en medio. ¿No?
- Sí, pasa y siéntate.
- ¿Cómo prefieres que te llamemos? ¿Inés? ¿Mercedes? ¿Inés Mercedes?
- Inés, Inés… Mercedes es por mi tía abuela, que me crió. Ya sabéis cómo son las familias españolas... Luego no se usa, pero el segundo nombre tienes que tenerlo nada más que para molestar, porque en los aeropuertos es un problema con las combinaciones que te hacen. A mis cuatro hijos les he puesto sólo un nombre, uno para cada uno y ya está. Uno sólo. Brian y Rose por mis suegros, Rafael por mi padre y Carmen por mi hermana, porque mi madre se llama Rosa y Rosa y Rose son el mismo nombre y ya sabéis que ponerle a dos hermanas el mismo nombre está prohibido.
- ...
- Sí, claro...
- ... Muy bien, te llamamos entonces Inés.
- Eso: Inés.
- Pues cuéntanos, Inés, tu experiencia enseñando español a adultos.
- Muchísima, he estado tres años dando clases en un colegio de primaria en Dublín.
- Ajá, ¿y a adultos? Porque nuestros estudiantes son adultos.
- Y los adultos tienen un modo de aprendizaje diferente a los niños.
- Sí, también enseñé en el mismo colegio en secundaria, que son como adultos. En la clase de mi hija mayor, de mi Rose.
- Bueno, sí, son más similares…
- ¿Y qué niveles enseñaste?
- ¿Qué queréis decir con niveles?
- Sí, qué niveles de español.
- El español que yo enseño es el de Ponferrada, que es donde yo soy. ¿Es eso malo?
- No, no, para nada…
- Pero nos referíamos a los diferentes niveles de la lengua.
- Ya sabes: inicial, intermedio, avanzado…
- Ah, yo es que enseño fundamentalmente vocabulario y juegos. Ése es mi estilo.
- ... Vocabulario y juegos… Eh... Estupendo.
- Y esos juegos, ¿los haces en español o en inglés?
- Pues fundamentalmente en español. Lo que se puede en español, claro, hasta que me doy cuenta de las caras, porque yo soy muy psicológica. Las veo y pienso “Estos no se están enterando.” Entonces paso al inglés, que lo intento evitar al máximo, no obstante. Estaba yo una vez dando clase en Dublín, en clase de Rose, y me encontré con el problema de la territorialidad, ya lo conocéis, porque dije “bueno, esto lo voy a explicar in English” y veo que empieza a hacerme señas así con los ojos… Ella es que es muy expresiva, vale para actriz. Entonces me paró la clase y me dijo: “Teacher", porque ella a mí en clase no me llama mamá, "Teacher, aquí no hablamos English, aquí hablamos Irish.” Y yo le respondí: “pues muy bien, lo explico en Irish…” y se lo expliqué en inglés.
- Estupendo, Mercedes…
- Inés, prefiere que la llamemos Inés.
- Yo como queráis, yo respondo por Inés, pero si me queréis llamar Mercedes, ningún problema: también respondo. Mercedes es por mi tía abuela, que me crió. Ya sabéis cómo son las familias españolas... Luego no se usa, pero el segundo nombre tienes que tenerlo nada más que para molestar, porque en los aeropuertos es un problema con las combinaciones que te hacen. A mis cuatro hijos les he puesto sólo un nombre, uno para cada uno y ya está. Uno sólo. Brian y Rose por mis suegros, Rafael por mi padre y Carmen por mi hermana, porque mi madre se llama Rosa y Rosa y Rose son el mismo nombre y ya sabéis que ponerle a dos hermanas el mismo nombre está prohibido.
- Ajá.
- Ajá.
- …
- …
- ¿Y qué más queréis preguntarme?
- A vosotros, a vosotros… Ya sé que la entrevista era a las once pero es que calculé mal el tiempo. Si queréis vuelvo en una hora…
- Bueno, no sé. Acabamos de abrir pero ya que estás aquí...
- Eso es lo que he pensáo: que ya que estoy aquí, nos la quitamos de en medio. ¿No?
- Sí, pasa y siéntate.
- ¿Cómo prefieres que te llamemos? ¿Inés? ¿Mercedes? ¿Inés Mercedes?
- Inés, Inés… Mercedes es por mi tía abuela, que me crió. Ya sabéis cómo son las familias españolas... Luego no se usa, pero el segundo nombre tienes que tenerlo nada más que para molestar, porque en los aeropuertos es un problema con las combinaciones que te hacen. A mis cuatro hijos les he puesto sólo un nombre, uno para cada uno y ya está. Uno sólo. Brian y Rose por mis suegros, Rafael por mi padre y Carmen por mi hermana, porque mi madre se llama Rosa y Rosa y Rose son el mismo nombre y ya sabéis que ponerle a dos hermanas el mismo nombre está prohibido.
- ...
- Sí, claro...
- ... Muy bien, te llamamos entonces Inés.
- Eso: Inés.
- Pues cuéntanos, Inés, tu experiencia enseñando español a adultos.
- Muchísima, he estado tres años dando clases en un colegio de primaria en Dublín.
- Ajá, ¿y a adultos? Porque nuestros estudiantes son adultos.
- Y los adultos tienen un modo de aprendizaje diferente a los niños.
- Sí, también enseñé en el mismo colegio en secundaria, que son como adultos. En la clase de mi hija mayor, de mi Rose.
- Bueno, sí, son más similares…
- ¿Y qué niveles enseñaste?
- ¿Qué queréis decir con niveles?
- Sí, qué niveles de español.
- El español que yo enseño es el de Ponferrada, que es donde yo soy. ¿Es eso malo?
- No, no, para nada…
- Pero nos referíamos a los diferentes niveles de la lengua.
- Ya sabes: inicial, intermedio, avanzado…
- Ah, yo es que enseño fundamentalmente vocabulario y juegos. Ése es mi estilo.
- ... Vocabulario y juegos… Eh... Estupendo.
- Y esos juegos, ¿los haces en español o en inglés?
- Pues fundamentalmente en español. Lo que se puede en español, claro, hasta que me doy cuenta de las caras, porque yo soy muy psicológica. Las veo y pienso “Estos no se están enterando.” Entonces paso al inglés, que lo intento evitar al máximo, no obstante. Estaba yo una vez dando clase en Dublín, en clase de Rose, y me encontré con el problema de la territorialidad, ya lo conocéis, porque dije “bueno, esto lo voy a explicar in English” y veo que empieza a hacerme señas así con los ojos… Ella es que es muy expresiva, vale para actriz. Entonces me paró la clase y me dijo: “Teacher", porque ella a mí en clase no me llama mamá, "Teacher, aquí no hablamos English, aquí hablamos Irish.” Y yo le respondí: “pues muy bien, lo explico en Irish…” y se lo expliqué en inglés.
- Estupendo, Mercedes…
- Inés, prefiere que la llamemos Inés.
- Yo como queráis, yo respondo por Inés, pero si me queréis llamar Mercedes, ningún problema: también respondo. Mercedes es por mi tía abuela, que me crió. Ya sabéis cómo son las familias españolas... Luego no se usa, pero el segundo nombre tienes que tenerlo nada más que para molestar, porque en los aeropuertos es un problema con las combinaciones que te hacen. A mis cuatro hijos les he puesto sólo un nombre, uno para cada uno y ya está. Uno sólo. Brian y Rose por mis suegros, Rafael por mi padre y Carmen por mi hermana, porque mi madre se llama Rosa y Rosa y Rose son el mismo nombre y ya sabéis que ponerle a dos hermanas el mismo nombre está prohibido.
- Ajá.
- Ajá.
- …
- …
- ¿Y qué más queréis preguntarme?
jueves, 10 de mayo de 2012
Que lo sepa España entera
Fijo que la frase estaba instalada antes, pero mi generación la aprendió con la primera edición Gran Hermano. “Que lo sepa España entera” empezaba, luego había una pausa antes de anunciar ese mensaje tan importante para el que jamás estábamos preparados. Le cogieron el testigo los diferentes realities del territorio patrio y perdió el sentido conforme ellos perdían audiencia. Eso sí, ganó en gracia porque no hay nada más divertido ni ridículo que alguien orgulloso de tener un séquito que no tiene.
Madrid, leo, se ha convertido en palabras de Ana Botella en “capital taurina del mundo”. Para apoyarla, Vargas Llosa ha dicho que éste “se defiende por ser un arte en sí mismo”. Ya sabemos: Vargas Llosa aplaude el matrimonio gay de Zapatero, la prosperidad económica de Aznar y escribe loas pidiendo el voto de Rosa Díez. También acaba de publicar un libro en el que critica la banalidad y ligereza que están alcanzando la cultura y los espectáculos contemporáneos. Nada como poner a un intelectual junto a una causa para universalizarla, aunque la realidad sea que la causa tiene la misma trascendencia que los actuales concursantes de Gran Hermano.
Voy camino de cuatro años viviendo en el extranjero y más de tres los he pasado enseñando español. En este tiempo me he encontrado con las más variopintas razones para aprenderlo: un novio, un abuelo cercano a su fin al que se quiere comprender, un amigo que se va a España, posibilidad de cambio, ganas de viajar, conocer la nueva cultura, leer un menú sin diccionario, leer Don Quijote en su versión original, ver películas sin subtítulos, hacer una tesis en español, impregnarse del flamenco o aprenderlo a bailar con una profesora nativa, por citar unos cuantos al voleo. Nadie mencionó nunca los toros aunque uno me citó a Hemingway como su autor favorito. Todos observan España como un país civilizado por más que le resbale la economía. Ninguno lo ve como el lugar que es, ése que pretende ser Europa pero que aún mea fuera de la taza.
Madrid, leo, se ha convertido en palabras de Ana Botella en “capital taurina del mundo”. Para apoyarla, Vargas Llosa ha dicho que éste “se defiende por ser un arte en sí mismo”. Ya sabemos: Vargas Llosa aplaude el matrimonio gay de Zapatero, la prosperidad económica de Aznar y escribe loas pidiendo el voto de Rosa Díez. También acaba de publicar un libro en el que critica la banalidad y ligereza que están alcanzando la cultura y los espectáculos contemporáneos. Nada como poner a un intelectual junto a una causa para universalizarla, aunque la realidad sea que la causa tiene la misma trascendencia que los actuales concursantes de Gran Hermano.
Voy camino de cuatro años viviendo en el extranjero y más de tres los he pasado enseñando español. En este tiempo me he encontrado con las más variopintas razones para aprenderlo: un novio, un abuelo cercano a su fin al que se quiere comprender, un amigo que se va a España, posibilidad de cambio, ganas de viajar, conocer la nueva cultura, leer un menú sin diccionario, leer Don Quijote en su versión original, ver películas sin subtítulos, hacer una tesis en español, impregnarse del flamenco o aprenderlo a bailar con una profesora nativa, por citar unos cuantos al voleo. Nadie mencionó nunca los toros aunque uno me citó a Hemingway como su autor favorito. Todos observan España como un país civilizado por más que le resbale la economía. Ninguno lo ve como el lugar que es, ése que pretende ser Europa pero que aún mea fuera de la taza.
![]() | |
| Michel Douglas interrogando a Sharon Stone, imagen extraída de El Periódico |
miércoles, 9 de mayo de 2012
¿Es la vida obra de un Creador?
Mi pequeño imperio está en un sótano al que se accede por la calle. Yo me sepultaba por una manta de papeles cuando por la ventana vi sus cuatro piernas bajar la escalera. Eran piernas de mujeres, de dos mujeres arregladas, piernas y cuerpos de mujeres españolas que no ponen un pie en la calle vestidas con cualquier cosa. Medias, botas con un poquito de tacón, gruesos abrigos para el frío, pendientes grandotes y un maquillaje discreto, algo de sombra de ojos, no más. El cerebro en el extranjero inmediatamente implanta un radar para reconocer a los compatriotas al primer vistazo. Los españoles, y mucho más especialmente las españolas, tendemos a arreglarnos. Algunos mantienen que nos gusta aparentar pero yo prefiero el eufemismo de que nos vestimos como si fuéramos a misa. Aunque en este caso el eufemismo no fuera un eufemismo.
Servidor: Hello.
A: Hello.
B: Hello.
Servidor: …
A: …
B: …
Servidor:
¿Hola?
A: ¡Ay, sí! ¡Hola!
Hablamos español. ¿Y tú?
Servidor:
También.
B: ¿Eres
español?
Servidor:
Sí.
A: Pues qué bien, ¿no?
Servidor: No sé, no es una nacionalidad que se cotice ahora mismo mucho a la alza...
B: Estábamos buscando españoles y como hemos visto que esto es una academia de español, hemos pensado: “Pues si es una academia de español, aquí tiene que haber españoles…”
Servidor: Suele pasar.
A: ¿Estás muy ocupado, majo?
Servidor: Bastante, pero os puedo atender unos minutos.
A: Bien, entonces te contamos rapidito. Acabamos de llegar de España y estamos buscando españoles.
Servidor: Ajá.
B: Somos testigos de Jehová. ¿Conoces a los testigos de Jehová?
Servidor: Ajá.
B: Somos testigos de Jehová. ¿Conoces a los testigos de Jehová?
Servidor: … Ajá…
B: ¿Y qué opinas?
Servidor: … Eh… pues… bueno, no sé… no me identifico mucho con su ideología.
B: ¿Pero tú tienes algún tipo de fe?
Servidor: … Mi única fe ahora mismo es acabar un trabajo que tengo que hacer antes de las cinco.
A: ¡Ay, qué gracioso! Es que los españoles tenemos mucha gracia, majo.
Servidor: …
A: ¿Verdad que tenemos mucha gracia?
Servidor: Mogollón.
A: No como los escoceses, que son unos sosos… Nos hemos dado cuenta de eso, veníamos comentándolo.
B: Ya en serio: ¿tú tienes algún tipo de fe?
Servidor: Ya en serio: no.
B: Entonces le damos el folleto para principiantes. Lo tienes tú, ¿no?
A: Sí, espera, que lo busco…
Servidor: ¿Pero vosotras vivís aquí?
A: Yo llegué anteayer y ella hace dos meses.
Servidor: ¿Y trabajáis?
A: Bueno, hacemos alguna cosilla.
B: Fundamentalmente predicamos. Éste es nuestro trabajo: predicar a los españoles que viven en Edimburgo.
A: Toma el folleto. Contiene información científicamente contrastada de que en el principio de todo hubo un Creador.
Servidor: Muchas gracias. Siento no poder dedicaros más tiempo, pero tengo que seguir trabajando.
A: Muchísimas gracias a ti, majo.
B: Podemos tomarnos un café un día y hablar más a fondo…
Servidor: … ¡Claro! Estoy seguro de que nos encontraremos en algún momento, esta ciudad es muy pequeña.
B: Una última cosita que queríamos preguntarte.
Servidor: Dime.
B: ¿Podíamos dejarte el currículum para trabajar aquí dando clases de español?
domingo, 6 de mayo de 2012
Lentejas para la derecha europea
Christopher, el vecino de arriba de donde tenemos la academia, votó la semana pasada en las elecciones locales a los liberales escoceses. No estoy desvelando ningún secreto revelado en la intimidad de un té o una reunión vecinal, lo sé porque empapeló con su emblema los cristales de su casa.
Christopher es así de expresivo con lo que le gusta. Tiene ochenta años, le encanta el Rioja, tal y como demuestran las botellas que deja en su puerta para que el camión de reciclaje de vidrio recoja, y en español sólo sabe decir “buenos días”, lo que nos repite a mi socio y a mí cada vez que nos ve aunque sean las siete de la tarde.
El voto de Christopher tiene dos vertientes. Por un lado, es transgresor porque es a un partido que en estos comicios ha perdido a un 57% de sus votantes en Escocia, una consecuencia más que probable de gobernar en coalición con Cameron y haberse pasado por el forro sus promesas (no hay comediante que no muestre a Nick Clegg como a un mentiroso). Por otro, es clásicamente escocés: escapa de los conservadores que jamás ganarán en esta tierra de raigambre laborista, la Andalucía del Reino Unido. La derecha británica ha vivido en estas elecciones un fracaso ruidoso y previsible, con la salvedad de Boris Johnson, el alcalde londinense, que arrasó. Johnson tiene fama de gañán (una amiga editó un vídeo suyo y cuenta que jamás pudo reírse tanto como con su off the record) pero también de político que sabe qué decir, cuándo y cómo, aunque sus formas sean extremadamente antibritánicas. En las últimas semanas una congregación religiosa pretendió empapelar los autobuses de la capital inglesa con una campaña de curación de la homosexualidad y él, rápido como una ardilla, dijo que tururú, porque si algo caracteriza a Londres es su pluralidad y abertura.
El hundimiento de la derecha en esta isla, el de la francesa y el de nuestro presidente en las encuestas a los seis meses de su elección es el mismo. Los tres llegaron al poder envueltos en una grandísima esperanza y, antipáticos, cogieron solitos el rol de padre severo que te pone el plato de lentejas delante y se va a otra habitación zanjando así la discusión. Suerte que la gran virtud de la democracia es que te puedan tirar, en la próxima, las lentejas a la cara.
El voto de Christopher tiene dos vertientes. Por un lado, es transgresor porque es a un partido que en estos comicios ha perdido a un 57% de sus votantes en Escocia, una consecuencia más que probable de gobernar en coalición con Cameron y haberse pasado por el forro sus promesas (no hay comediante que no muestre a Nick Clegg como a un mentiroso). Por otro, es clásicamente escocés: escapa de los conservadores que jamás ganarán en esta tierra de raigambre laborista, la Andalucía del Reino Unido. La derecha británica ha vivido en estas elecciones un fracaso ruidoso y previsible, con la salvedad de Boris Johnson, el alcalde londinense, que arrasó. Johnson tiene fama de gañán (una amiga editó un vídeo suyo y cuenta que jamás pudo reírse tanto como con su off the record) pero también de político que sabe qué decir, cuándo y cómo, aunque sus formas sean extremadamente antibritánicas. En las últimas semanas una congregación religiosa pretendió empapelar los autobuses de la capital inglesa con una campaña de curación de la homosexualidad y él, rápido como una ardilla, dijo que tururú, porque si algo caracteriza a Londres es su pluralidad y abertura.
El hundimiento de la derecha en esta isla, el de la francesa y el de nuestro presidente en las encuestas a los seis meses de su elección es el mismo. Los tres llegaron al poder envueltos en una grandísima esperanza y, antipáticos, cogieron solitos el rol de padre severo que te pone el plato de lentejas delante y se va a otra habitación zanjando así la discusión. Suerte que la gran virtud de la democracia es que te puedan tirar, en la próxima, las lentejas a la cara.
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miércoles, 2 de mayo de 2012
Las 10 próximas reformas de Rajoy
Para demostrarnos que él la erre la pronuncia perfectamente, Rajoy ha dicho que todos los viernes habidos y por haber habrá rrrreformas y rrrrecortes. Estos son algunos de los previsibles:
1. Para incentivar el ahorro y cortar el despilfarro, los bares, restaurantes, terrazas y discotecas cerrarán a las doce de la noche. La medida sólo se aplicará a garitos de ambiente homosexual.
2. Gracias a la ampliación de la edad de jubilación, Rajoy propone al comandante Tejero para presidir RTVE.
3. En nuestra nueva televisión pública, Curri Valenzuela presentará la primera edición del telediario y Norma Duval la segunda. La incorporación de la vedette (palabra imposible de explicar a un extranjero) tiene además el objetivo de demostrar la compatibilidad entre ser abuelo y trabajador en la vida. Que aprendan nuestros viejos: en la jubilación lo que hay que hacer es cuidar de los nietos, no mandarlos a guarderías públicas. Además, José Manuel Parada dirigirá Versión Española y Días de Cine, y Página 2 lo presentará Sánchez Dragó. En éste, una tailandesa de diez años se encargará de las secciones de literatura infantil y erótica.
4. Para ahorrar en gasolina y ganar de nuevo el amor del pueblo, Soraya matriculará a su niño en el mismo colegio al que van las infantitas y Letizia y la vice se turnarán para llevarlos y recogerlos. Los días en los que alguna tenga lío en el curro, Corinna se ha ofrecido a echarles una mano con la merienda.
5. España ocupará el primer puesto en el top ten de ciencia gracias a que nuestros médicos tendrán completa libertad para experimentar con los inmigrantes sin papeles portadores del VIH. Ya que hubo un tiempo en que les pagamos los fármacos, nos deben sus cuerpos.
6. Las únicas subvenciones cinematográficas se concederán a guiones inspirados en obras de Pio Moa. Actualmente, Almodóvar escribe un biopic sobre el generalísimo en el que Carmen Martínez Bordiu (interpretada por Penélope Cruz) es capturada por un científico toledano (papel escrito especialmente para Antonio Banderas) que la transforma en un atún que después pescará su abuelo. De Franco hará Meryl Streep, personaje por el que se ha mostrado muy interesada tras el de "la dama de hierro".
7. Los que residimos en el extranjero tendremos que pagar un peaje para visitar a nuestra familia. El cargo será extra si el motivo del viaje es el fallecimiento de algún pariente de primera línea de consanguinidad. Que nos jodan por traidores y no arrimarle el hombro a la patria.
8. Para cultivarnos literariamente, Gallardón (próximo Goya al Mejor Actor Revelación) propone coser una A color escarlata en la pechera de toda la que aborte.
9. Wert confirma lo que sospechábamos: la concesión de la beca académica dependerá de la proximidad del domicilio de empadronamiento con el Mercadona de Serrano. A más cercanía, más puntos.
10. Como el consumo aumenta la demanda y ésta, por tanto, la producción y ésta, por tanto, el PIB, a las mujeres de la Comunidad de Madrid se les regalará una visita a la peluquería de "El corte inglés" por cada cinco. El resto de comunidades gobernadas por los populares estudian implantar la norma tras acordar un plazo de treinta y cinco años con las farmacéuticas para saldar su deuda.
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